jueves, 12 de septiembre de 2013

Lo que da sentido a la vida

Llevamos más de 30 años escuchando hablar de Cataluña y del País Vasco como problemas esenciales de nuestro país. Y sí, ciertamente forman parte de la problemática nacional. Sobre todo porque ambas llevan años secuestradas por unas burguesías voraces y hasta una de ellas por una banda terrorista que ha asesinado a más de 800 españoles. No lo olvidamos y no somos insensibles a todo ello. Pero estar a diario hablando de estos dos territorios como hacen los medios del sistema, nos parece un craso error. Basta mirar y entender el escudo de España para darnos cuenta de que algo falla en todo este tinglado. Hay un cuartel rojo con una castillo en oro en el centro. Simboliza a uno de los pueblos que construyeron este país. Y yo os pregunto ¿donde está?. ¿Donde está Castilla?. ¿Alguien la ve?. La misma pregunta la podría hacer respecto al Reino de León. Es algo que desde hace tiempo debería haber hecho pensar a los españoles. Es más, debería dolerles. Pero que vamos a esperar cuando es un hecho que ni si quiera duele a los propios castellanos, ignorantes como son de su propia identidad. Por eso algunos recogimos el desafío de Castilla. Rescatamos del pozo del olvido aquel pendón rojo que ondeara en la Batalla de las Navas de Tolosa para hacerlo nuestro. Lo limpiamos, lo remendamos y nos lo echamos al hombro como enseña propia y con él todo el legado de nuestros antepasados.
Todos los reinos, pueblos e identidades que forman España ayudaron a forjarla. No solo en batallas gloriosas. También con el trabajo silencioso y diario de campesinos, marineros y gentes de muchos oficios. Pero cada identidad tiene sus características propias. Si uno coge un mapa de Burgos, se dará cuenta de que solo en esa provincia castellana la densidad de castillos por metro cuadrado supera a la de cualquier territorio español o europeo. Lo mismo sucede si cogéis el mapa de la provincia castellana de Toledo. Los castillos dan nombre a nuestra tierra. Hasta los musulmanes la llamaban ya antes del año 800 Al-Quilé o Al-Quilá (literalmente, los castillos o los de los castillos). El castillo es símbolo de fortaleza, resistencia y de unidad. Por eso lo eligió como escudo Alfonso VIII de Castilla y lo incorporó al tradicional Pendón Rojo. Si hay una característica propia del pueblo castellano ha sido su ardor guerrero. No hemos sido un pueblo dedicado exclusivamente al comercio, las finanzas o la poesía. El castellano siempre ha portado la cruz y la espada que en esencia eran lo mismo (la espada es una cruz afilada). A Castilla le ha correspondido la mística guerrera de España como a Prusia en Alemania. Por eso fue el principal baluarte de la Reconquista, la Conquista de América, los Tercios o la Guerra de la Independencia de 1808.
¿Entendéis ahora porqué Castilla no existe en esta España decadente?. Los mismos que desde la Comisión Trilateral en 1973 diseñaban la regionalización en profundidad de España, promovían también la liquidación de Castilla, como hiceron antes con Prusia en Alemania. Me atrevería a decir que liquidar a Castilla como identidad y como pueblo formó parte de los llamados Pactos de la Moncloa de 1977. Porque extrañamente hasta esas fechas la existencia de Castilla estaba asumida hasta por el PSOE, la UGT o el PCE. Luego se olvidaron de ella.  Y ahora sin Castilla España es un cuerpo sin alma, sin capacidad de reacción viril, que se pudre y cuyos miembros comienzan a desprenderse uno a uno.
Daros una vuelta por los pueblos de Ávila, Guadalajara, Ciudad Real, Segovia o Burgos y veréis la misma estampa de desolación. Antiguas tierras de cultivo abandonadas, escuelas con cristales rotos y sin niños, iglesias románicas hundidas, casas solariegas derrumbadas y con sus blasones hechos añicos. Y esto no es lo peor porque todo lo material puede arreglarse. Lo difícil es enderezar un espíritu truncado. Y eso es lo que algunos vemos cuando encontramos a castellanos que ya no saben que lo son. Que se niegan asimismos, a sus antepasados, a su historia y a su propia cultura. Y todo ello lo rubrican diciendo que son españoles sin más. Como si uno pudiese ser la totalidad cuando se niega como singularidad. Nadie aprecia y defiende lo que no conoce. Y por eso el castellano no defiende su propia tierra como sí hacen otros. Lo que le convierte en víctima propiciatoria de los egoísmos centralistas y periféricos. Al castellano le llevan robando la cartera desde hace siglos y ni se entera. Le han robado hasta su Lengua, a la que ahora muchos llaman “español” porque parece que llamarla Castellano (que es como siempre se la llamó hasta 1921) es cosa de separatistas.
En estas lides deberían haber entrado hace tiempo lo pensadores del “área”. A unos no les dió tiempo porque los asesinaron en los años ’30. Y otros prefirieron mirar para otro lado durante 40 años, vivir muy bien de glorias pasadas y justificar la traición a Castilla como algo necesario para que España sobreviviera. Y ha sobrevivido. Pero como la muerta viviente que vemos hoy. Algunos siguen sin querer ver cual es la metafísica de este país y siguen encerrados en sus clichés. Que si la unidad de España, la bandera, el toro de cartón piedra, las fanfarrias desafinadas, el arriba esto y lo otro, Franco, Franco, Franco… Nosotros hemos cambiado de camino. Amamos a España no por lo que parece sino por lo que significa en su interior. Somos todo un paradigma de la Historia. Mirad lo pequeños que somos en el globo terráqueo. En ese pequeño trozo se da una variedad de culturas que no se da en otras partes del mundo. Y dentro de esa diversidad hay pueblos seculares unidos entre sí por relaciones afectivas, sanguíneas, históricas y familiares. Y todo ello al Sur y por encima de los Pirineos. Algunos afirman que España es multinacional. Yo digo que es multiestatal. Porque España, la verdadera, la antigua, la honorable y valiente se extiende por el Estado Español, el Estado Portugués, el Estado Británico (Gibraltar) y el Estado Francés. Esa es nuestra España y no solo la que marcan las fronteras actuales de los estados nacionales. Nunca ha dejado de parecerme curioso que muchos casposos que claman contra el separatismo vasco o catalán, luego den la espalda a Portugal y nieguen a Castilla su unidad. Habría que ver quien es más separatista, si los que odian a España por que sí o los que odian a todas las singularidades que la forman.
Cada cual está en su derecho de luchar y pensar lo que quiera. Pero que no vengan aquí a darnos lecciones de patriotismo casposo-zarzuelero y menos de Castellanismo. Nosotros vemos a España entera y la amamos entera. Desde nuestra atalaya castellana, es verdad, pero vemos la totalidad. Y es necesario que defendamos esa atalaya precisamente porque forma parte de la España que queremos y por que nadie la defiende. Es la atalaya de Fernán González, de El Cid, de Isabel la Católica, la de los Tercios, la de los Comuneros, la de Cervantes o la de Quevedo. Castilla es nuestra patria carnal. Es el trozo de España en el que nacimos y en el que moriremos. El sitio al que siempre podremos regresar por que es nuestra casa. El monasterio y cuartel donde guardamos las armas de nuestros ancestros que jamás rendiremos ante el enemigo. Castilla es nuestra tierra. No tenemos otra, no queremos otra. Y si muere, lo haremos con ella. Castilla, España y Europa son nuestra razón de ser y lo que da sentido a nuestras vidas.

Alfonso Sexto

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